martes, 1 de julio de 2008

Algunos de mis Textos...

MATINAL
Te levantaste sin ganas, sabías que la imagen del espejo sería la misma. Cientos de líneas que se perderán en el punto. Ése por el que tantas veces intentaste huir hasta que comprendiste que el espejo también guardaba sus reparos. Como si te dijera, en tono de burla, que siempre mirarás del otro lado. Pero hoy no era un grito, casi un insulto.
Y caes, y pides refugio. Y pones a prueba la capacidad intelectual del espejo. Tu carta guardada está en la literatura latinoamericana. ¿Qué sabe un trozo de vidrio de autores o de las nuevas rutas del socialismo?.
Alcanzaste a sonreír. De nuevo caes y pides refugio.
- Ya te olvidaste de tus esperas en azul. ¿ Crees que será muy fácil escapar?
Sin duda conoce tu historia, y ya no le basta con que te pongas ansiosa hasta extasiar el rostro… y sí hoy actúo, hoy hago. Ya no alcanza.
En un momento, lo latente y lo evidente se hace uno… y las preguntas, las dudas y los abismos también.
Los libros sobre tu cama dejan de importarte. Está claro que esta textura espejada no necesita saber de vanguardias y de poetas echados a su suerte, para mostrarte de qué lado estás.
El sueño matinal se ha disipado, pero el punto de fuga del espejo sigue ahí.
Movimiento. Estímulo respuesta: cierras la puerta.
Una bocina te perfora los oídos.
¿De qué lado estás?

NOCTURNO (o noctámbulo)
Una ventana cerrada. Otra vez, el insomnio y tú en posición fetal sobre la cama. Alguna noche te golpeará en las costillas hasta dejarte muda; por ahora el borde de la sábana es tuyo. Y deberías conformarte.
Pero ya lo conoces de memoria, cada una de sus huellas y sus intervalos. Rincón aprendido de memoria.
Otra vez, el insomnio y tú en posición fetal.
Y no hay huellas ni intervalos en tu rincón sólo el destejer paciente de cada hebra del mundo en cambio que creíste ver. Lúcida, sin borras de café. ¿Es que acaso puedes diferenciar tus espacios de lucidez? Tu escritura los confunde hasta hacerlos informes.
Mientras, cuidado, tirar de la madeja con violencia puede tener consecuencias insospechadas.
Y dejar todo inconcluso ¿Es que alguna vez terminaste algo? A veces no empezaste y eso se une vicioso con la conclusión incompleta de tus proyectos. ¿Alguna vez proyectaste algo? Silencio. Porque una carcajada alterará al insomnio en posición fetal. El libro y la nausea inesperada rompe el idilio hasta con las letras. No le pidas lucidez a la utopía sudamericana. Hoy no.
Escucha el destejer de cada hilo. Te dejas en la línea continua, la misma que Hamlet no logró salvar con su “ser o no ser” que poco importa. Ahora, el pasar de los días: matinal, vespertino, nocturno… El insomnio y tú: el único nosotros en posición fetal.


VESPERTINO
Tratas de absorber los minutos del reloj en una desconfianza mutua. Sabes que cada uno que pase no tendrá retorno y que cuando haya expirado te lo echará en cara.
“Perdiste otra oportunidad” dirá con descaro.
¿Oportunidad de qué? ¿Y para qué?
Logras callar al reloj, pero no a tu propia historia. Esa que te increpa, que te provoca y te libera (sólo un instante, pronto volverá).
Caminas. El café y su borra ininteligible, son testigos de tu charla fonológica.
El residuo del café de las seis no cambiará el mundo, y lo sabes.
Pierdes la calma, y la borra cubriéndote los dedos.
Ahí la respuesta: tus charlas de café no cambian el mundo porque éste no quiere ser cambiado.
La capa de sedimento cubre mucho más que los dedos de las personas que caminan presurosas para cumplir con sus rutinas. ¿De qué oportunidades hablabas? Ah, sí, la rebaja de la cuota del crédito.
Por lo menos respiran. ¿Respiran?
Sigamos hablando de los caprichos del reloj, afuera el día es gris pero las playas están repletas de gente ¿Sin tiempo?

1 comentario:

Perhan Fidgi dijo...

Te invito cordialmente a visitar mi blog, y entablar así comunicación
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Saludos